Diócesis Mocoa - Sibundoy Iglesia en Marcha

Madre del Buen Pastor con resplandor

   

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Píldora del Alma

 

"Queridos jóvenes, sus nombres están inscritos en el cielo, en el corazón misericordioso del Padre. ¡Sean valientes, vayan contracorriente!".

 

Papa Francisco

  
Iniciamos la Semana Santa, la Semana Mayor decimos, ojalá que sea en verdad, la Semana Mayor en la que dediquemos a meditar y vivir el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús; el misterio de nuestra Salvación. 
 
Iniciamos con la celebración del Domingo de Ramos, en la que conmemoramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Entremos con Jesús a Jerusalén, al lugar de la Pasión, el lugar de la cruz y con Él entreguemos vidas al Padre como ofrenda por nuestros pecados y los de tantos hombres y mujeres que no invocan el perdón de Dios. Entrar a Jerusalén es en primer lugar disponerme a vivir esta Semana Santa con el mayor fervor, devoción, arrepentimiento y deseo de conversión, participar de las celebraciones litúrgicas con todo el amor, meditando en verdad el gran acontecimiento redentor que se realizó en Cristo Jesús.
 
 
 
En segundo lugar, entrar en Jerusalén es disponerme también a cargar la cruz de cada día si renegar, sin quejarme, sino con amor y con el esfuerzo constante por hacer la voluntad de Dios; es la convicción de que no será posible participar de la gloria de la resurrección, sin antes pasar por el suplicio de la cruz, de la entrega generosa, del servicio desinteresado, de la muerte mística, de la renuncia de sí. 
 
Entrar a Jerusalén es iniciar en mi vida un verdadero proceso de conversión permanente, es decir, un esfuerzo constante y progresivo de llevar una vida más agradable ante Dios.
 
Entrar a Jerusalén es decir si, al llamado a comprometerme con la tarea de la evangelización. Dejar la pereza y la mediocridad cristiana, para ser un valiente discípulo misionero y apóstol, en un mundo que necesita cada vez más del anuncio de la Buena Nueva del Evangelio, lleno de esperanza, consuelo y amor.
 
No tengamos miedo, entremos con Jesús en Jerusalén y vivamos esta experiencia maravillosa, llena de renuncia y entrega, pero de mucha satisfacción y gozo.
 
PBRO. OSCAR ALBEIRO HERNÁNDEZ ROJAS