Diócesis Mocoa - Sibundoy Iglesia en Marcha

Madre del Buen Pastor con resplandor

   

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Píldora del Alma

 

"Queridos jóvenes, sus nombres están inscritos en el cielo, en el corazón misericordioso del Padre. ¡Sean valientes, vayan contracorriente!".

 

Papa Francisco

 

 

 

Con el Jueves Santo, inicia el Triduo Pascual, y con la Celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, celebramos el misterio de la redención humana por la muerte y Resurrección de Cristo. Haciendo más comprensible la cercanía entre la Cruz y la Gloria, que experimentada en la realidad humana, es pasar a la bendición después de la prueba, del desierto.

 

Tres realidades especialmente hacen grande esta Solemnidad:

 

  1. INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA: Es el memorial de su gloriosa pasión y muerte y la nueva pascua o banquete sacrificial del pueblo cristiano. Jesucristo es el cordero inmolado por la liberación del nuevo pueblo de Dios, de los que encuentran ya no un reflejo de la presencia del Padre, como en el Antiguo Testamento, sino de los que en Cristo hallan la realización de la espera y experimentan la total presencia de Dios.

La Eucaristía, es la presencia real de Jesús, que sirve de alimento; que constituye el principal signo de unidad y de entrega, por el que hoy Jesús se sigue entregando a la humanidad y le muestra a través de Ella, su infinito amor y misericordia. Al comulgar, entramos en íntima relación con Jesús, que presente sacramentalmente en nuestra vida, constituye la fuerza renovadora que hace posible el cambio de vida y la transformación de cuanto en nosotros no signifique la presencia del Padre.

 

Adorar la presencia Eucarística de Jesús, es contemplar el rostro del Padre, que en íntima unidad del Hijo, son en la Hostia consagrada, el pan de vida y el alimento de salvación; fuente de vida y participación de la realidad divina de Dios.

 


  1. INSTITUCIÓN DEL SACERDOCIO: Junto a la Eucaristía, hay otro gesto que Jesús desea se pueda continuar: “Haced Vosotros lo mismo”; es sin duda el lavatorio de los pies. Así, repetir las acciones de Jesús no es repetir ritos sino actitudes: amor, y servicio, entrega y renuncia, obediencia y autoabajamiento.

 

Nace así, para el nuevo pueblo de Dios, el Sacerdocio, que asume no solo la   celebración de la Eucaristía sino que encarna la real entrega de Jesús en ella y       la vive en el acontecer de su tarea y misión cotidiana.

 

El Sacerdote, celebra el memorial del Sacrificio de Cristo, actualiza el acontecimiento, el único acontecimiento de salvación, la entrega total de Jesús al Padre y a la humanidad, como instrumento de Sanación, Liberación y Salvación. De ahí, que el Sacerdote, está llamado con su vida, a reflejar el misterio redentor de Cristo, en donde cada acción, Palabra, Pensamiento y actitud, refleja la intimidad que haya alcanzado con quien lo ha llamado y consagrado para que  sea fundamentalmente su testigo, y el pueblo pueda ver en Él, el evangelio vivo de quien enamorado de Él, vive de Él y como Él.

 


  1. EL AMOR FRATERNO o el mandato nuevo de Jesús. Servir libremente, como Jesús, es expresar el amor al hermano y hacerlo visible, es tomar actitudes nuevas y liberadoras ante quien experimenta el dolor, la oscuridad o el pecado.

El amor fraterno, no puede ser solo una forma de decir, sino sobre todo una manera de ser y una forma de vivir; que implica una constante renuncia de sí mismo para ir al encuentro del otro, que sin importar su condición de vida, espera de cada uno la participación de la riqueza que se posee y que es sobre todo Dios, que habita en el corazón del ser humano.

 

No se trata entonces, de dar solamente algo sino sobre todo y fundamentalmente a alguien; que en cada uno se traduce en acción y servicio y llega a los demás con lo que necesita de verdad y no con lo que quizás espera y que posiblemente, es para acrecentar su yo y orientar su vida, no en la perspectiva de la Voluntad de Dios, sino del propio parecer o conveniencia.


Dar como recibir, es estar también dispuestos a morir, a acoger al que se acerca no procurando encontrar la solución última de los problemas, sino a quien se aviene cumpliendo un proyecto de Dios para generar también una respuesta.


El Jueves Santo, cierra una puerta que se había abierto cuarenta días antes y que arroja en el Misterio Pascual, el esfuerzo, el sacrificio, la penitencia, la oración y la generosidad con la que se encenderá la vida nueva de resucitados y que arde con la intensidad con la que experimenta la gozosa y total presencia de Jesús, en su vida.

 

PBRO. OSCAR CLAROS A.