Diócesis Mocoa - Sibundoy Iglesia en Marcha

Madre del Buen Pastor con resplandor

   

Galería

Galería

Píldora del Alma

 

"Queridos jóvenes, sus nombres están inscritos en el cielo, en el corazón misericordioso del Padre. ¡Sean valientes, vayan contracorriente!".

 

Papa Francisco

 

el Señor Resucitó”

 

Estas son las palabras de asombro que salen de los labios de las mujeres, que en la mañana de Pascua encontraron el sepulcro vacío.  Esta es la noticia que dinamiza la vida de la comunidad que nace en torno a Jesús y que retumba en los oídos del hombre de hoy.  También sentimos que la noticia de la resurrección del Señor hace parte de nuestra vida y entraña la más profunda esperanza para todos. Hoy nos felicitamos en la alegría que brota de la victoria sobre la muerte y de la posibilidad de pasar con Cristo a una vida nueva.

  

Al celebrar nosotros la Pascua, no estamos simplemente rememorando un hecho de ayer, no es tampoco celebrar como un carnaval que entretiene a quienes participan.  Celebrar la Pascua implica para nosotros una tarea concreta a nivel personal y comunitario:

 

  • A nivel personal: la Pascua implica para mí, poner la vida bajo la dinámica del nuevo nacimiento que generosamente nos da el hecho del Bautismo, es meterme en la dinámica que me saca del adormecimiento y endurecimiento del corazón para generar en mí  una nueva humanidad, una nueva manera de mirar mi vida, de vivirla y de proyectarla. En otras palabras, la Pascua implica para mí, ser una nueva creatura en Cristo, vencedor de la muerte.
  • A nivel comunitario: en el contexto de país que vivimos, no se justifica vivir enfrentados como enemigos, sabiendo que podemos relacionarnos como hermanos.  La Pascua nos marca el punto de partida para iniciar el camino de la reconciliación, del perdón, de la solidaridad.  No hay mayor alegría que acompañar al otro, ayudar al otro a levantarse, compartir con el otro, perdonarle al otro.  Demos el paso a Dios. Una familia reconciliada, una patria en paz lo lograríamos si volvemos al Señor de la vida, para ver al otro como un hermano.  Demos el paso a la Resurrección; aun en la noche más oscura, la última palabra la tiene la luz y la fuerza del amor de Dios.

El mundo puede cambiar, nuestra vida puede cambiar. La solidaridad y la convivencia pacífica son posibles.  Los niños y los jóvenes de nuestro Putumayo pueden sentir el gozo de asumir el futuro que, desde la resurrección de Cristo, camina sin reservas hacia su plenitud.  Encontrémonos con nuestra dignidad y nuestras enormes posibilidades veamos la bondad de la gente que nos quiere y nos rodea; disfrutemos la belleza de nuestra tierra.  Entremos en la vida, en la resurrección de Cristo, todos hemos resucitado.

 

 

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN.

Monseñor Luis Albeiro Maldonado Monsalve