Diócesis Mocoa - Sibundoy Iglesia en Marcha

Madre del Buen Pastor con resplandor

   

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Píldora del Alma

 

"Que la Virgen María, Madre y Reina del Carmelo, acompañe vuestros pasos en el camino cotidiano hacia el Monte de Dios".

 

Papa Francisco

RETIRO VIDA NUEVA ORITO (9)Son varias las Pequeñas Comunidades que en la Diócesis ya han terminado el primer nivel de catequesis, Vida Nueva. Este nivel culmina, como todos, con un Retiro Espiritual, para reflexionar e interiorizar los temas estudiados a lo largo de este nivel y revisar si en verdad se va forjando en nosotros esa vida nueva que nos pide el Evangelio.

 

 

 

IMG 4294Desde el mes de Noviembre del año 2014 se han venido realizando en la Diócesis los Retiros de Revisión de Metas del Kerigma a algunas Pequeñas Comunidades, con el fin de reavivar en sus integrantes el primer amor y para que a través de la oración y la meditación se fortalezcan en el proceso de conversión.

 

   

 

 

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Homilía 15 años de la creación Diócesis Mocoa-Sibundoy

Monseñor Luis Alberto Parra Mora

Iglesia Catedral “San Miguel Arcángel” Mocoa

21 Noviembre 2014

Lecturas:

Ex. 3, 1-14 

Sal. 19 (18)

Rm.        10, 9-18

Mt.  28,16-20

 

El pasaje evangélico que acabamos de escuchar es considerado el “Testamento del Resucitado”, la voluntad enunciada en dicho “Testamento” es expresada por medio de dos imperativos: “Vayan” y “hagan discípulos”. Es este el encargo que el Resucitado deja a sus discípulos, no solo a quienes fueron testigos oculares de aquella aparición, sino a quien ellos representaban en ese momento: es decir, a la Iglesia.

 

En este testamento del resucitado encontramos un sentido de totalidad y/o universalidad, encontrando el adjetivo “todo” en 4 veces: 1. “Toda Autoridad” 2.“Todos los pueblos” 3. “Todo lo que les he mandado” 4. “Todos los días”, e inicia haciendo mención a los once apóstoles (es decir “todos”); por medio de esta técnica literaria el Evangelista desea expresar el carácter universal de la misión de los discípulos y por ende de la Iglesia; no en vano nuestra Iglesia es la Iglesia católica, es decir universal.

Ese es el mandato de Jesús: Un mandato universal que comporta dos movimientos, uno hacía los ejecutores de la orden: La Iglesia, representada aquí en los discípulos; y otro hacía sus destinatarios: Todo el mundo.

 

La Naturaleza de la Iglesia es precisamente la misión, en ella nace, y hacia ella se ha siempre proyectado. Esta realidad que pudiera parecer solo una teoría es una gran realidad vivida desde hace siglos en la Iglesia Universal.

 

comenzando por los mismos discípulos, y pasando por los innumerables misioneros que han dado su vida por el anuncio de Jesucristo.

Nosotros como Iglesia Diocesana hemos sido beneficiarios de la orden de Jesús dada a los apóstoles, “vayan por todo el mundo”, y es así como los primeros misioneros comenzaron a penetrar en estas tierras selváticas, inhóspitas, y llena de enigmas de la misma naturaleza; muchos de aquellos misioneros murieron, ofrecieron sus propias vidas, cumpliendo el mandato dado por Jesús “Vayan a todo el mundo”; otros ofrecieron su vida desgastándola minuto a minuto por el anuncio del evangelio.

 

Cómo no recordar hoy que celebramos nuestros 15 años de diócesis, a los misioneros Franciscanos de la época de la colonia que hizo que la conquista fuera menos inhumana, Cómo no hacer memoria de los misioneros Capuchinos que fueron testigos del Evangelio de Jesucristo desgastando sus propias vidas, y no es posible olvidar la labor de los Misioneros Redentoristas que recibieron el Vicariato y con su arduo trabajo nos entregaron una diócesis.

Diócesis que hoy cumple 15 años, años en los cuales Dios ha cumpliendo y seguirá cumpliendo su promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo.

 

Es por eso que no ha cesado de enviar obreros a su mies a este Iglesia particular de Mocoa-Sibundoy. Obreros que han surgido de esta misma tierra, como fruto de la evangelización de los misioneros que nos precedieron, y obreros que escuchando el mandato del Señor de ir a todo el mundo, han venido hasta esta querida tierra del putumayo a anunciar que Dios murió y resucitó por todos y cada uno de nosotros. Unos y otros han compartido no solo la fe sino también sino también sus propias vidas con los habitantes del Putumayo dando vida a nuestra Iglesia.

 

En la misión universal de nuestra diócesis, ha desarrollado un papel muy importante las distintas comunidades religiosas que han hecho y que aún hacen presencia en este territorio diocesano de la Iglesia, a ellas que Dios las bendiga por su dedicación y evangelización y valiente testimonio. Dichas comunidades religiosas son: Franciscanos, Capuchinos, Redentoristas, Franciscanas de María Inmaculada, hermanas Carmelitas, Hermanos del Buen Samaritano, Hermanas de la caridad, Dominicas de la presentación de la Santísima Virgen María, hermanas de la caridad de Santa Ana, Hermanas contemplativas de María Madre de la Eucaristía, Las Lauritas, Hermanitas de la anunciación, Franciscanas de María Inmaculada, Misioneras de la Inmaculada Concepción, Franciscanas Misioneras de María, Hermanos de San Martín, Padres de la Sagrada Familia.

 

Además los movimientos eclesiales como los catecúmenos en Sibundoy, el movimiento Juan XXIII en toda la diócesis, la renovación carismática, la legión de María, Lazos de amor mariano, Infancia Misionera, grupos de jóvenes misioneros. Ellos junto con los habitantes del campo y de los barrios viven su vida misionera, gracias a la formación de sus catequistas formados algunos de ellos por la ESPAC (Escuela parroquial de Catequistas).

 

Los profesores de las Instituciones Educativas de todo el departamento que profesan su fe católica realizan su tarea con espíritu misionero de anunciar con alegría a Jesucristo.

De igual manera en las veredas y barrios los laicos comprometidos están construyendo sus templo donde poderse reunir para fortalecer sus las diferentes comunidades del SINE, la piedad popular, la enseñanza catequética y la celebración sacramental.

 

Escuchábamos en la primera lectura del libro del Éxodo, el relato de Moisés y la zarza que arde sin consumirse. Allí se nos presenta a Moisés como un pastor, oficio muy común para su época y región, era muchos los pastores que iban de un lugar a otro con sus ovejas en buscan de buenos pastos para sus animales; por aquel camino que anduvo Moisés, con seguridad muchos otros pastores lo habían ya recorrido, es mas, seguramente muchos vieron la zarza, pues es algo común en aquella región, sobre todo al amanecer, cuando los pastores “juntaban candela para calentarse un poco”. La diferencia entre todos lo pastores que pasaron por aquel lugar está en que Moisés logra ver lo que otros de sus colegas no ven: Moisés ve más allá, Moisés observa algo que los demás no logran ver: Moisés se da cuenta de un pequeño pero grande detalle: La zarza no se consume. Y es al entrar en aquella realidad un tanto extraña como Dios se le manifiesta y le revela su nombre: “Yo soy el que soy”; en el ambiente semita revelar el nombre a una persona significa revelarle lo más íntimo de sí mismo, significa mostrarse tal cual es, así pues lo que sucedió en aquel momento fue una teofanía, una verdadera manifestación de Dios.

 

Moisés supo leer en aquel acontecimiento (la zarza que no se consumía) “un signo de los tiempos”, de los cuales nos habla el Concilio Vaticano II. Y nuestra diócesis ya quinceañera al igual que Moisés, también ha visto en este territorio del putumayo una llama que arde sin apagar, una luz que no se extingue, esa luz es la sed que el pueblo Putumayense tiene de infinito, el deseo que tiene de Dios; y como diócesis hemos querido, al igual que Moisés, acercarnos a dicha realidad, y hemos visto y sentido allí también una teofanía, una manifestación de Dios que se nos revela por medio de nuestra gente, el rostro mismo de Jesucristo que nos pide como Iglesia responder a esta sed de tantos indígenas, de la comunidad afro, de Putumayenses y de colonos venidos de otros lugares a esta hermosa región de Colombia.

 

Todo el clero diocesano, religiosos, religiosas, movimientos apostólicos, y laicos nos hemos sentidos impulsados por el mismo Dios y animados por su San Juan pablo II que hace ya varios años invitó a la Iglesia a una Nueva Evangelización, nueva en sus métodos, en su ardor, etc; es por eso que Nuestra diócesis ha optado por el proceso del SINE (Sistema Integral de Nueva Evangelización), que invita a todos a tener experiencia de Dios en comunidad, para luego ir a evangelizar.

 

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Ahora esta experiencia del SINE unida a las distintas experiencias de grupos apostólicos se han convertido en esa llama que no se extingue y desde la cual Dios se sigue manifestando a todo nuestro pueblo del putumayo para saciar la sed que tiene de Dios, y dar así plenitud a sus vidas.

 

Es motivo gran esperanza ver durante esta asamblea que se está concluyendo, a muchos laicos compartiendo su experiencia del SINE, y su vivencia en lo distintos movimientos apostólicos, ver cómo muchas personas van a sus encuentros con gozo y alegría a encontrarse con sus hermanos de comunidad, y asegurar así la promesa hecha por Jesús en su evangelio cuando afirma que “donde hay dos ó tres reunidos en su nombre, ahí está él en medio de ellos”. Esta llama sigue ardiendo sin consumirse y Dios se nos sigue manifestando, pues tal experiencia no es para tenerla escondida sino para compartirla con quienes aún llamándose católicos, no se han permitido observar en estas manifestaciones del Espíritu una respuesta a sus mas hondos deseos de Dios. Es así como debemos salir a misión y estar de esta manera en consonancia con lo que está pidiendo el Papa Francisco que nos invita a abrir las puertas de la Iglesia, no para que se entre, sino para salir, para salir a evangelizar, ya que esa es la misión de la Iglesia, es decir, es la misión de todos y cada uno de nosotros como bautizados; El mismo Papa insiste que debemos ir hasta las periferias existenciales, hasta donde nadie quiere ir, a donde hay olvido por parte de todos, allá la Iglesia debe estar llevando esperanza. Ir a las periferias existenciales en nuestro territorio diocesano significa estar dispuestos a ir por ejemplo, a José María, Gallinazo y Mayoyoque; indica no tener miedo de partir para el Piñuña Blanco, Puerto Bello y el Teteyé, significa estar dispuestos a visitar Yunguillo, Piamonte, Miraflor, la Bota Caucana, y todos los demás lugares que se encuentran en las periferias de nuestro territorio diocesano, periferias no solo por su condición geográfica, sino también por su situación marginal y de pobreza.

 

Como Obispo de esta joven diócesis agradezco a Dios por su promesa cumplida de estar con nosotros hasta el final, y a todos y cada uno de los misioneros desde la época de la conquista hasta hoy, a nuestros 6 diáconos diocesanos, a todos los religiosos, religiosas, laicos consagrados, y laicos comprometidos en la Nueva Evangelización. Y cómo no agradecer a tantas familia cristianas que en el transcurso de la historia Putumayense han transmitido la fe a sus hijos de generación en generación y que han hecho posible que hoy estemos celebrando esta efemérides, y que podamos hoy contar además con esta preciosa viña del Señor llamada Diócesis Mocoa-Sibundoy.

 

Nos encomendamos a María Madre del Buen pastor, patrona de nuestra diócesis, para que con su corazón de madre, nos proteja, nos asista y nos alcance de su Hijo Jesucristo, mas obreros para su Mies.

 

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Con mucho fervor y devoción se vivió la Semana Santa en las diferentes parroquias de Nuestra Diócesis de Mocoa Sibundoy. Como siempre los templos tuvieron abarrotados de fieles que sacan el tiempo para participar de las diversas celebraciones de la Semana Mayor. Los sacerdotes que con la ayuda de buenos equipos de colaboración engalanaron estas celebraciones con la belleza de la liturgia y con la hermosa ornamentación de los templos para que resaltaran la dignidad y grandeza de cada una de los momentos litúrgicos. Que en verdad Cristo Resucite en cada uno de nuestros corazones y renueve nuestras vidas y que nos esforcemos por adornar nuestro ser con la pureza y las buenas obras. He aquí un valioso testimonio fotográfico de cómo desde la Catedral hasta las más lejanas parroquias y centros misionales se vivió con amor la Semana Santa:

 

 

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Del 17 al 21 de Noviembre en la Casa Pastoral Betania de Villagarzón, se realizó con éxito el IV Encuentro Diocesano de Nueva Evangelización en nuestra Diócesis de Mocoa – Sibundoy, con una participación significativa de todas las parroquias y centros misionales de nuestra iglesia local. Hubo presencia de 63 sacerdotes, 4 diáconos transitorios y 3 permanentes, 8 religiosos y religiosas y 54 laicos, para un total de 132 participantes de las cinco Vicarías Zonales que componen la Diócesis.

 

El encuentro se inicio el lunes 17 de Noviembre a las 6:00 p.m. con la Eucaristía de apertura presidida por nuestro obispo, Mons. Luis Alberto Parra Mora, quien nos expresó la alegría de que nos encontráramos como Diócesis para proyectarnos cada vez más hacia una Nueva Evangelización. El día martes se dio espacio para reflexionar sobre la Misión, iniciando con una fundamentación de la Misión desde la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, haciendo énfasis en este último aspecto, especialmente en los Documentos de Aparecida y la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. Luego se hizo presentación y exposición del Instructivo de Misión Diocesana, dando las orientaciones pertinentes para su utilización en la realización de la Misión, según lo que nos indica el SINE.

 

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El día miércoles 19 de Noviembre se hizo énfasis en los Ministerios Fundamentales de Evangelización, Comunidades, Catequesis de Adultos, Escuela de Formación Básica en la Fe y Liturgia, dando espacio para una capacitación sobre cada ministerio, enriquecida con los testimonios de laicos que en las diferentes Vicarías Zonales ya están participando comprometidamente en cada uno de estos servicios eclesiales. Al final del día se dieron unas orientaciones para el trabajo con los Movimientos y Grupos Eclesiales desde el SINE.

 

El día jueves 20 de Noviembre se hizo énfasis en la parte social del SINE. Se dio una capacitación sobre el SINE y la Pastoral Social diocesana, luego se reflexionó sobre el Ministerio de Pastoral Social en las Parroquias y finalmente se hizo énfasis sobre la Solidaridad Social en la Pequeña Comunidad. Dando espacio también para testimonios, preguntas y un taller para enriquecer la temática.

 

El día viernes se terminó el encuentro con la celebración de la Santa Misa en acción de gracias por los quince años de vida diocesana que cumplimos en este año. Celebración en la que hubo participación de todas las parroquias y nos acompañaron también Mons. Iván Antonio Marín López, Arzobispo de Popayán y Mons. Arturo Correa Toro, obispo de Ipiales. Fue una celebración de mucho gozo y una gran manifestación de fe y de comunión eclesial.

 

IVENCUENTRO (10)

 

El Encuentro Diocesano estuvo dirigido por la Vicaría para la Pastoral con el apoyo en las diferentes capacitaciones de los sacerdotes que ya van conociendo el SINE y que van avanzando con el trabajo de la Nueva Evangelización en sus parroquias. Que Dios Todopoderoso y María la Madre de la Evangelización lleven a buen término esta obra maravillosa en nuestra Diócesis.

 

 

 

 

En este año dedicado a la Vida Consagrada,  bella oportunidad para agradecer al Señor  este Don inestimable, el cual proviene de su amor, de su llamado a seguirle: “SIGUEME”    (Mt 8.22) , 9,9  Jun. 1,43; 21; 19)  a esta iniciativa surge la respuesta de quien experimenta este llamado;  Con un estilo de vida, el “estilo” de  Jesús; centrado para nosotros consagrados en la  vivencia de los consejos evangélicos; obediencia, pobreza y castidad; una manera precisa de conocer, vivir y anunciar la presencia del Reino inaugurado por Cristo.

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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DecretoCanciller 001